Estimados Padres y Apoderados, tengan ustedes una calurosa bienvenida al período escolar 2010. Un especial saludo para los padres que se incorporan a esta comunidad el presente año, así como a los profesores que inician su trabajo en el Colegio La Misión. Sean todos muy bienvenidos.

Al inicio de las clases los invito a una reflexión:

"Durante un viaje en avión no resulta extraño que se anuncie por parlantes: ‘señores pasajeros estamos pasando por zona de turbulencias, se les solicita tomar asiento y abrochar su cinturón de seguridad'. Aún cuando por lo general las turbulencias duran sólo unos cuantos segundos, según sea su intensidad la sensación de su duración va cambiando. Si el sacudón es fuerte, parece que no terminara nunca. Muchas veces en la vida, aún cuando no estemos arriba de un avión, pasamos por ‘turbulencias', que nos asustan, que nos preocupan, que parecen interminables. Pero también suelen ser situaciones de las cuales podemos aprender grandes lecciones, de manera de salir fortalecidos.

Lo esencial para salir ganando de las experiencias difíciles o dolorosas por graves que sean, es la forma como decidamos asumirlas. A grandes rasgos se puede decir que hay tres actitudes distintas que se suelen adoptar frente a las calamidades. En primer lugar, hay personas que escapan al sufrimiento evadiéndose de la realidad por medio de las drogas, el alcohol, dedicándose obsesivamente al trabajo o a ver televisión, que son distintas formas de evadir la realidad y anestesiarse. En segundo lugar, están aquellas que se concentran en su pena y se sienten víctimas, y pasan el resto de sus días resentidas y quejándose. Ninguna de estas dos actitudes permite superar la experiencia dolorosa y por lo mismo solo dejan amarguras. Por último, hay quienes le hacen frente a la desdicha aceptándola y expresando su angustia o dolor, procurando aprender de ellas y adaptándose a los cambios que implica, de esta manera, no solo la superan, sino que crecen y salen beneficiados. En momentos de grandes "desastres", como los que atraviesan a menudo los diferentes países, sería muy bueno dejar de vivir en función de las desgracias y comenzar a crecer como consecuencia de ellas. Las privaciones y sacrificios que nos exigen las situaciones de crisis pueden constituir, por ejemplo, una oportunidad para afianzar los vínculos familiares. Es importante ofrecer a los niños un ambiente positivo, que los haga abrazar la vida con entusiasmo, sin ocultarles los problemas que su país o su familia están atravesando, por el contrario debemos animarlos a que "se abrochen el cinturón ante las turbulencias", igual que nosotros, pues en estos momentos es cuando necesitamos más que nunca de su solidaridad. Esto les permitirá aprender sobre la importancia de estar unidos no sólo "en las buenas", sino también "en las malas".

Una necesidad para los niños, es no vivir en el "país de las maravillas", sino crecer en una familia fuerte y unida, entendiendo por ello una familia que acepta, que asume las dificultades que trae la vida y solidariza con el dolor y las desventuras propias y ajenas.

A través de nuestro esfuerzo y buena voluntad ante las dificultades, podemos ofrecer a los niños un ejemplo de cómo convertir las desdichas en experiencias positivas, enfocándonos en lo que podemos hacer para contribuir a solucionarlas. En la historia abundan ejemplos que nos pueden enseñar a hacerlo. No se trata de cambiar el mundo, se trata de poder llegar al final del día satisfechos por haber asumido un papel activo frente a los problemas y haber contribuido a aliviar las desdichas de quienes más lo necesitan. Esto es lo que necesita el mundo y es el ejemplo que necesitan los niños.

Cada experiencia difícil o dolorosa que vivimos, constituye a la vez una importante lección de vida, que nos servirá para fortalecernos, madurar y crecer como personas. Bien manejadas, las adversidades traen más venturas que desventuras, es el dolor el que nos enseña a ser generosos y compasivos con los demás, es decir, lo que nos hace mas humanos. Es gracias a las privaciones que valoramos todo lo que tenemos y es en estos momentos difíciles de la vida cuando más necesitamos fortalecer nuestra fe en Dios y nuestra confianza en los hombres. En los tiempos de crisis y de pruebas es cuando mostramos abiertamente lo mejor y peor de nosotros mismos.

Recordemos que cuando se apagan las estrellas es porque está próximo a salir el sol, aprovechemos esos momentos de turbulencias, en que todo parece oscuro, para permitir que nuestros hijos vean lo que sólo podemos vislumbrar cuando la luz nos encandila."

Cordialmente,

 

Juan Guasp A.

Presidente

 

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